Obligatoriedad de los sistemas de calidad: ¿si o no?
¿Es conveniente la obligatoriedad de sistemas de calidad?
Hemos estudiado la gestión de la calidad, entendiéndose ésta como la organización de todos los procesos que tienen lugar en una organización, y el modo o sistema que adopte para conseguir la máxima eficacia y eficiencia empresarial.
El modo de gestionarse de cada organización será diferente, pues será decisión de cada una de ellas qué tipo de gestión va a realizar (el cómo, el cuándo y el por qué).
No obstante, a lo largo del temario, la existencia de las normas ISO. Las normas ISO no son más que aquel conjunto de estándares reconocidos de forma internacional que fueron creados con el objetivo de ayudar a las empresas a establecer unos niveles de homogeneidad en relación con la gestión, prestación de servicios y desarrollo de productos en la industria.
De esta contextualización sacamos dos ideas básicas:
- Las normas ISO no son obligatorias, y es que su función es ser una guía, o una gran ayuda.
- Tratan de homogeneizar con la ayuda de facilitar, no solo a las empresas, sino a que la sociedad pueda regirse por unos estándares que pueda entender cualquier persona, provenga de dónde provenga y vaya a dónde vaya.
Si recordamos lo que uno de los autores estudiados anteriormente, Ishikawa, dijo en su teoría; ésta podría causar cierta contradicción con lo que pretenden las normas ISO. Ishikawa analizó las diferencias que podían darse respecto a una misma gestión de calidad en un lado del planeta Tierra frente a otro. Con esto volveríamos a la pregunta de ¿qué es calidad? ¿qué se entiende realmente por calidad?
Las normas ISO nacen con un objetivo claro: poder ser la guía o ayuda que las empresas necesitan para gestionarse de manera óptima.
Tras matizar estos aspectos y estudiar de una forma muy genérica las normas ISO 14001, 9001 y 45001, observamos que tratan de puntualizar puntos que se ha visto que coinciden siempre, marcando estándares genéricos y fácilmente compartibles en todas las sociedades del planeta. Quizás esto podría parecer indicar que la obligatoriedad de las mismas podría favorecer a todas las organizaciones, pues siguiendo unas pautas previamente establecidas, sabiendo ya cómo se ha de actuar en determinados aspectos, podría dar una sensación de mayor seguridad.
No obstante, no hay que olvidar el estudio realizado previamente por el autor Ishikawa. Las normas pueden ayudar pero también podrían resultar especialmente complejas para determinadas actividades.
Por este motivo parece más beneficioso que las normas ISO, al menos de momento, no sean de obligatorio cumplimiento. Igualmente, con la posibilidad de escoger regirse por las mismas o no, hace que aquellas organizaciones que estén interesadas en seguirlo lo hagan y traten de hacer lo posible para seguirlo, y así no tratar de llegar al resultado para convencer al órgano certificador, sin marcarse como objetivo real la armonización con estas normas.
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